Electromovilidad en México: retos industriales, c


Por: ANCA.

Electromovilidad en México: retos industriales, costos y oportunidades en 2026.




Por: México Industry.




La transición hacia la electromovilidad representa uno de los cambios estructurales más profundos que ha enfrentado la industria automotriz en décadas. Así lo plantearon Elisa Crespo, presidenta ejecutiva del Clúster Automotriz Metropolitano, y Eugenio Grandio, presidente de la Electro Movilidad Asociación (EMA).

Desde la perspectiva industrial, Crespo delineó los principales desafíos que implica la fabricación de vehículos eléctricos. El primero, y quizás más crítico, es el desarrollo y gestión de baterías, consideradas el “corazón” de esta tecnología. A ello se suma la complejidad de asegurar el suministro de materiales estratégicos como litio, cobalto y níquel, cuya disponibilidad está sujeta a tensiones geopolíticas.

 


Ingeniería, manufactura y nuevos paradigmas


Otro frente clave es la electrónica de potencia y el software, áreas donde la ingeniería ha tenido que evolucionar con rapidez. Paralelamente, la falta de infraestructura de recarga en países como México exige una coordinación constante entre industria, gobierno e inversionistas. A esto se añade la necesidad de rediseñar la arquitectura vehicular y reconvertir plantas productivas, en un entorno donde hay menos partes mecánicas, pero mayor integración tecnológica.


“La manufactura se vuelve más limpia, más automatizada y con mayores exigencias de conocimiento”, señaló Crespo, al destacar también el impacto de la inteligencia artificial en los procesos productivos. Todo ello ocurre en un contexto donde los costos y la escalabilidad siguen siendo un reto, especialmente para lograr vehículos eléctricos competitivos en precio.

 


Un mercado en expansión 


Por su parte, Eugenio Grandio ofreció una radiografía del avance de la electromovilidad en México. Aunque el crecimiento es significativo —con más de 110 mil vehículos electrificados vendidos en 2025 y un aumento del 38% anual—, el país aún se encuentra rezagado frente a líderes globales. Mientras naciones como Noruega alcanzan niveles de adopción cercanos al 96%, México apenas comienza a consolidar su mercado.


Sin embargo, el dinamismo comienza a acelerar; en menos de una década, el país pasó de tener apenas tres modelos disponibles a más de 110 opciones, incluyendo alternativas por debajo de los 500 mil pesos. Este fenómeno ha contribuido a derribar el mito de que los vehículos eléctricos son inaccesibles.


 Grandio subrayó que uno de los principales impulsores de esta adopción no es necesariamente el factor ambiental, sino el ahorro económico. Con costos de operación que pueden reducirse hasta en un 70% frente a vehículos de combustión, la electromovilidad comienza a ganar terreno entre usuarios intensivos, como conductores de plataformas digitales.


En términos prácticos, mientras un vehículo de gasolina puede implicar un costo cercano a 3 pesos por kilómetro recorrido, un vehículo eléctrico puede reducir ese gasto a alrededor de 50 centavos por kilómetro bajo condiciones de carga doméstica. Este diferencial está modificando la lógica de compra, particularmente en segmentos de alto uso.

 


Infraestructura: retos y avances 


En términos de infraestructura, el panorama también evoluciona. Aunque persisten desafíos, especialmente en carga pública, se ha registrado un crecimiento de hasta 86% en estaciones de carga rápida. Además, la experiencia internacional demuestra que entre el 70% y 80% de los usuarios carga sus vehículos en casa, lo que redefine las necesidades de inversión.


A nivel ecosistema, EMA agrupa a 25 empresas responsables de aproximadamente el 90% de las ventas de vehículos eléctricos en México y cerca del 80% de la infraestructura de carga pública instalada. Este nivel de concentración refleja tanto el avance del sector como la necesidad de ampliar la participación de nuevos actores para acelerar el despliegue.

 


México en el contexto global


Las cifras globales evidencian la magnitud de la transición. En 2025, uno de cada cuatro vehículos vendidos en el mundo fue eléctrico o híbrido conectable, mientras que el parque global de vehículos eléctricos ya representa cerca del 4% del total. Un dato clave es que el pico de ventas de vehículos de combustión se alcanzó en 2018, lo que confirma un cambio irreversible en la industria.


China lidera esta transformación no solo en adopción —con cerca del 50% de sus ventas entre eléctricos e híbridos conectables—, sino también en economías de escala que han permitido reducir costos. En contraste, mercados como Estados Unidos y Europa aún presentan precios de vehículos eléctricos hasta 30% superiores a los de combustión, mientras que en México esta brecha comienza a cerrarse gracias a la entrada de nuevos competidores.

 


Cadena de valor


Más allá del mercado interno, el verdadero desafío para México radica en su posicionamiento dentro de la cadena global de valor. Actualmente, el país destaca como productor de vehículos, pero con una fuerte dependencia de insumos importados, particularmente en baterías. “No tenemos aún una base sólida de proveeduría para vehículos eléctricos”, advirtió Grandio.


En este sentido, la oportunidad está en desarrollar capacidades locales, desde componentes hasta reciclaje de baterías, un segmento que ya se perfila como estratégico. La regionalización de las cadenas de suministro, impulsada por factores geopolíticos, abre una ventana para que México fortalezca su papel como hub manufacturero.

 


De la conversación a la acción


Como parte de las estrategias para la transición hacia la electromovilidad en el país. el Clúster Automotriz Metropolitano coordinó el foro EV Hub Electromovilidad, en colaboración con la Secretaría de Economía, donde destacó que la electromovilidad dejó de ser una expectativa para convertirse en una variable activa en la toma de decisiones empresariales, pues el sector se encuentra en un punto de inflexión, donde la transición hacia los vehículos eléctricos no es incremental, sino estructural, lo que implica una reconfiguración de las cadenas de valor, tecnologías y modelos de negocio.